Epílogo. Un anciano, un caballo y un toro

Tras la marcha de Obe y Onzoth, Tremal quedó despojado de todo poder. Por su parte, Agro volvió a ser un caballo dócil y Gerold el toro que habían usado para su conversión. Del mismo modo, el árbol de la ermita se despidió de todo rastro del Agricultor y el ibis blanco emigró a tierras más prósperas. La espada Volündria quedó olvidada en el bosque a la espera de que alguien la volviese a blandir.

Bélenos quedó convertido en el pueblo normal que era antes de la llegada de la compañía itinerante. Con el tiempo, el anciano, el caballo y el toro murieron, y con ellos toda la vida de la que Bélenos fue testigo un día.

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